En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo.
Gloriosísimo príncipe de la milicia celestial, Arcángel San Miguel, defiéndenos en la lucha que mantenemos combatiendo contra los principados y potestades, contra los caudillos de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos esparcidos por los aires.
Ven en auxilio de los hombres que Dios creó incorruptibles a su imagen y semejanza, y a tan alto precio rescatados de la tiranía del demonio.
La Iglesia te venera como su guardián y patrono. Dios te confió las almas de los redimidos para colocarlos en el estado de la suprema felicidad.
Ruega al Dios de la paz que aplaste al demonio bajo nuestros pies para que ya no pueda retener cautivos a los hombres y dañar a tu Iglesia.
Ofrece nuestras oraciones al Altísimo para que cuanto antes desciendan sobre nosotros las misericordias del Señor y sujeta al dragón, la antigua serpiente, que es el diablo y Satanás, y, una vez encadenado, precipítalo en el abismo para que nunca jamás pueda seducir a las naciones en el nombre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor.
Por intercesión de la Inmaculada siempre Virgen María Madre de Dios, del Arcángel San Miguel, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos y la autoridad de la Santa Madre Iglesia, nos disponemos a rechazar la peste de los fraudes diabólicos.
Lévantese Dios y sean dispersados sus enemigos y huyan de su presencia los que le odian.
Como se disipa el humo, se disipen ellos. Como se derrite la cera ante el fuego, así perecerán los impíos ante Dios.
He aquí la Cruz del Señor, huid poderes enemigos. Ha vencido el dragón de la tribu de Judá, la raíz de David.
Señor, que tu misericordia venga sobre nosotros como lo esperamos de ti.
Te exorcizamos todo espíritu maligno, poder satánico, ataque del infernal adversario, legión, concentración y secta diabólica en el nombre y virtud de nuestro Señor Jesucristo para que salgas y huyas de la Iglesia de Dios, de las almas creadas a imagen de Dios y redimidas por la preciosa sangre del Divino Cordero.
En adelante, no oses, pérfida serpiente, engañar al género humano, perseguir a la Iglesia de Dios, zarandear a los elegidos y cribarlos como el trigo.
Te lo manda Dios Altísimo a quien en tu insolente soberbia aún pretendes asemejarte, quien quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Te lo manda Dios Padre, te lo manda Dios Hijo, te lo manda Dios Espíritu Santo.
Te lo manda la majestad de Cristo, el Verbo eterno de Dios hecho hombre, quien para salvar la estirpe perdida por tu envidia, se humilló a sí mismo hecho obediente hasta la muerte. Quien edificó su Iglesia sobre roca firme y reveló que los poderes del infierno nunca prevalecerían contra ella. Él mismo había de permanecer con ella todos los días hasta el fin de los tiempos.
Te lo manda el santo signo de la Cruz y la virtud de todos los misterios de la fe cristiana.
Te lo manda la excelsa Madre de Dios, la Virgen María quien con su humildad desde el primer instante de su inmaculada concepción aplastó su orgullosa cabeza.
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